Fisioterapia pediátrica: los 2 aspectos que considero clave en el desarrollo del bebé

Fisioterapia pediátrica para valorar deformidades craneales y reflejos primitivos en bebés

Llevo muchos años trabajando en fisioterapia pediátrica con bebés y niños. Durante todo este tiempo he aprendido muchas técnicas, he estudiado diferentes enfoques terapéuticos y, sobre todo, he tenido la oportunidad de observar cómo evolucionan los niños cuando los acompañamos durante sus primeros meses y años de vida.

Y con el tiempo he llegado a una conclusión:

en fisioterapia pediátrica y osteopatía infantil no todo tiene la misma importancia ni requiere la misma rapidez de actuación.

Hay muchas cosas que podemos valorar y tratar, pero hay dos aspectos a los que, desde mi experiencia, presto una atención especial:

las deformidades craneales y los reflejos primitivos.

No porque sean los únicos aspectos importantes del desarrollo infantil, sino porque considero que pueden ofrecernos información muy valiosa sobre cómo está evolucionando el bebé y, especialmente, porque en determinadas situaciones el momento en el que intervenimos puede ser determinante.

1. Las deformidades craneales: cuando el tiempo importa

Una de las situaciones que más frecuentemente encontramos durante los primeros meses de vida son las alteraciones en la forma de la cabeza.

Plagiocefalia, braquicefalia o diferentes grados de asimetría craneal pueden aparecer durante el embarazo, el parto o, con mucha frecuencia, durante los primeros meses después del nacimiento.

El cráneo del bebé no es una estructura rígida como la de un adulto. Durante los primeros meses de vida sus huesos presentan una gran capacidad de adaptación, necesaria para permitir el crecimiento del cerebro.

Precisamente por eso, la edad es un factor importante cuando hablamos de deformidades craneales.

¿Por qué no conviene esperar demasiado?

Durante los primeros meses el bebé pasa mucho tiempo tumbado y todavía tiene una capacidad limitada para cambiar de posición por sí mismo.

Si existe una preferencia mantenida hacia un lado, una limitación de movilidad cervical, un tortícolis o simplemente una presión mantenida sobre una determinada zona del cráneo, la deformidad puede mantenerse o aumentar.

Por este motivo, detectar una alteración de la forma de la cabeza de manera temprana nos permite actuar cuando todavía existe un margen importante de crecimiento y adaptación.

La American Academy of Pediatrics señala la importancia de valorar la forma del cráneo durante la primera etapa de la vida y destaca que las intervenciones tempranas, como los cambios posturales y la fisioterapia cuando está indicada, forman parte del manejo de estas deformidades.

¿Qué ocurre cuando el bebé se acerca a los 8 meses?

Aquí es donde muchas familias llegan con una duda:

“¿Todavía estamos a tiempo?”

La respuesta depende de cada caso.

No existe una frontera mágica en los 8 meses a partir de la cual ya no se pueda hacer nada. Sin embargo, sí sabemos que a medida que el bebé crece, aumenta la movilidad y el cráneo pierde progresivamente parte de la capacidad de ser moldeado.

De hecho, la American Academy of Pediatrics indica que los bebés derivados para tratamiento ortésico después de los 8 meses todavía pueden beneficiarse, aunque normalmente pueden necesitar más tiempo de tratamiento que aquellos que comienzan antes.

Por eso mi mensaje a las familias no es “hay que tratar cualquier cabeza que no sea perfectamente redonda”.

Es otro:

Si observas una asimetría o una forma de cabeza que te preocupa, es mejor valorarla pronto que esperar varios meses para ver qué ocurre.

Una valoración temprana permite diferenciar una variación que probablemente evolucionará favorablemente de una situación que necesita seguimiento o intervención.

Y también permite descartar situaciones diferentes, como una craneosinostosis, que requieren una valoración médica específica.


2. Los reflejos primitivos: mucho más que un movimiento automático

El segundo aspecto al que presto especial atención son los reflejos primitivos.

Cuando nace un bebé, su sistema nervioso todavía está en pleno proceso de maduración.

Los reflejos primitivos son respuestas motoras automáticas que aparecen durante las primeras etapas del desarrollo y cumplen funciones importantes en la vida del recién nacido.

Son, en cierto modo, una de las primeras formas que tiene el bebé de responder a los estímulos que recibe.

Pero el desarrollo no consiste simplemente en que aparezcan estos reflejos.

También es importante observar cómo evolucionan y cómo se van integrando a medida que madura el sistema nervioso.

El bebé aprende a relacionarse con su entorno

Durante los primeros meses, el bebé empieza a descubrir su cuerpo y su entorno.

Mueve la cabeza.

Mueve las manos.

Busca estímulos.

Se gira.

Empieza a controlar su postura.

Aprende a utilizar sus brazos y sus piernas de una manera cada vez más voluntaria.

Todo este proceso depende de una enorme cantidad de información sensorial y motora.

Por eso, cuando realizamos una valoración pediátrica, no deberíamos limitarnos a observar si el bebé alcanza o no un determinado hito motor.

También podemos preguntarnos:

¿Cómo lo hace?

¿Utiliza ambos lados del cuerpo de forma similar?

¿Tiene una preferencia muy marcada?

¿Puede cambiar de posición?

¿Cómo responde ante determinados estímulos?

¿Existen patrones de movimiento que parecen excesivamente automáticos?

¿Los movimientos son adecuados para la edad y para la situación?

Los reflejos primitivos forman parte de esta observación.


¿Qué ocurre si determinados reflejos persisten?

Este es probablemente uno de los aspectos más interesantes y, al mismo tiempo, uno de los que debemos explicar con mayor prudencia.

La persistencia de determinados reflejos primitivos más allá del periodo en el que habitualmente deberían disminuir o integrarse se ha relacionado en diferentes estudios con determinadas dificultades motoras y cognitivas.

Una revisión sistemática publicada en 2026 encontró asociaciones entre la persistencia de reflejos primitivos y aspectos como la locomoción, el equilibrio, la destreza manual y algunas funciones cognitivas. Sin embargo, los propios autores señalan que la evidencia disponible todavía es limitada y heterogénea.

Por eso, desde la fisioterapia pediátrica, no considero adecuado decir:

“Este reflejo es la causa de este problema”.

La realidad del desarrollo infantil es mucho más compleja.

Lo que sí considero interesante es detectar patrones que puedan estar interfiriendo en la evolución motora del niño y valorar qué significado tienen dentro del conjunto de su desarrollo.


La importancia de mirar al niño y no solamente al síntoma

Esta es probablemente una de las cosas que más he aprendido después de tantos años trabajando con pacientes.

Cuando una familia llega a consulta, normalmente viene porque ha detectado algo concreto.

“Mi bebé tiene la cabeza plana.”

“No gira hacia un lado.”

“No utiliza una mano igual que la otra.”

“No hace todavía esto que hacen otros niños.”

Ese es el punto de partida.

Pero nuestro trabajo no debería quedarse únicamente en ese síntoma.

Tenemos que intentar comprender qué está ocurriendo alrededor de ese síntoma.

En una deformidad craneal podemos preguntarnos por qué el bebé mantiene determinada posición.

En una alteración del movimiento podemos preguntarnos qué está limitando ese movimiento.

Cuando observamos determinados patrones reflejos podemos intentar comprender cómo se relacionan con el resto del desarrollo motor.

Y eso requiere algo que considero fundamental en pediatría:

tiempo para observar.


La experiencia cambia la manera de valorar

Cuando llevas poco tiempo trabajando, es normal que tu atención se centre mucho en encontrar la técnica adecuada.

Con los años, al menos en mi caso, la pregunta ha ido cambiando.

Ya no me interesa tanto saber únicamente:

“¿Qué técnica puedo aplicar?”

Me interesa mucho más saber:

“¿Qué necesita realmente este niño?”

Y esa diferencia es especialmente importante cuando hablamos de bebés.

Un bebé no es simplemente un adulto pequeño.

Su sistema nervioso está madurando, su postura está cambiando, su cráneo está creciendo y su relación con el entorno se transforma prácticamente cada semana.

Por eso, en fisioterapia pediátrica y osteopatía infantil, el momento en el que valoramos al bebé puede ser tan importante como la técnica que utilizamos.


¿Cuándo debería valorar a mi bebé?

No es necesario esperar a que exista un problema evidente.

Una valoración puede ser especialmente interesante cuando los padres observan:

  • Una forma de la cabeza asimétrica o aplanada.
  • Una clara preferencia por mirar hacia un lado.
  • Dificultad para girar la cabeza.
  • Una postura que se mantiene de forma muy repetitiva.
  • Diferencias importantes entre ambos lados del cuerpo.
  • Dificultades en la adquisición de determinados movimientos.
  • Patrones de movimiento que generan dudas a la familia.
  • Cualquier aspecto del desarrollo que preocupe a los padres.

La valoración no significa que exista necesariamente un problema.

Significa que queremos entender qué está ocurriendo.

Y cuanto antes tengamos esa información, más fácil suele ser decidir si simplemente debemos observar la evolución, proporcionar recomendaciones a la familia o iniciar un tratamiento.


Fisioterapia pediátrica: detectar pronto para actuar mejor

Si tuviera que resumir muchos años de experiencia trabajando con bebés y niños en una sola idea, sería esta:

en pediatría, muchas veces no se trata de hacer más, sino de saber qué merece realmente nuestra atención.

Las deformidades craneales son un buen ejemplo de por qué el momento importa.

Los reflejos primitivos nos recuerdan la importancia de observar el desarrollo neuromotor más allá de los simples hitos.

Y ambos ejemplos reflejan algo que considero esencial en nuestro trabajo:

valorar al niño en su conjunto.

Porque una buena fisioterapia pediátrica no consiste solamente en aplicar una técnica.

Consiste en observar, comprender, detectar posibles dificultades y acompañar al niño durante su desarrollo respetando sus necesidades y su momento evolutivo.

Después de muchos años dedicados a la fisioterapia y a la osteopatía infantil, estas son dos de las cuestiones a las que, desde mi experiencia clínica, considero que merece especialmente la pena prestar atención.

Y precisamente por eso he querido dedicarles este vídeo y este artículo.


¿Tienes dudas sobre el desarrollo de tu bebé?

Si algo en la postura, el movimiento o la forma de la cabeza de tu bebé te preocupa, una valoración por un profesional especializado en fisioterapia pediátrica puede ayudarte a entender qué está ocurriendo y si es necesario intervenir.

En Fisioterapia i Osteopatía FiO, en Sabadell, trabajamos con bebés y niños desde una perspectiva global, teniendo en cuenta su desarrollo motor, su postura, su movilidad y las características individuales de cada niño.

También puedes leer nuestro artículo sobre Tummy Time y su importancia en el desarrollo del bebé:

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