Cuando pensamos en un tratamiento de fisioterapia, normalmente pensamos en aquello que podemos identificar fácilmente: terapia manual, ejercicio terapéutico, electroterapia, técnicas invasivas, movilizaciones…
Pero durante una sesión ocurren muchas más cosas.
Hay aspectos del tratamiento que no aparecen en una técnica concreta, que no siempre son visibles y que, sin embargo, pueden influir en la evolución de una persona.
Hace unos días, una opinión que recibimos en nuestro perfil de Doctoralia nos hizo reflexionar especialmente sobre uno de ellos.

El paciente comentaba que, después de nuestras sesiones, no solo se encontraba mejor físicamente, sino que también salía con una mejor actitud.
Y esa frase nos hizo pensar:
¿Cuánto de lo que ocurre durante una sesión de fisioterapia tiene que ver con la técnica y cuánto tiene que ver con todo aquello que sucede alrededor de ella?
De esta reflexión nace lo que nosotros llamamos, de una manera coloquial, el tratamiento que no se ve.
Una lesión no es todo lo que tenemos que tratar
Cuando una persona tiene una lesión, una patología o una enfermedad, existe una parte evidente que debemos valorar y tratar.
Pero alrededor de ese problema pueden existir otros factores que, aunque no sean la causa directa de la lesión, pueden estar influyendo en cómo se manifiesta, cómo evoluciona o cómo la persona la vive.
Puede haber limitaciones de movilidad, alteraciones del movimiento, sobrecargas, falta de fuerza, miedo al movimiento, hábitos, determinadas circunstancias personales o incluso una forma de afrontar el problema que dificulte el proceso.
Por eso, cuando valoramos a una persona, no nos preguntamos únicamente:
“¿Qué tiene?”
También intentamos preguntarnos:
“¿Qué más puede estar influyendo?”
Y aquí aparece un concepto que para nosotros es especialmente importante:
El margen de mejora
Independientemente de cuál sea la lesión, la patología o la enfermedad, alrededor de ella puede existir un margen de mejora.
No estamos hablando de curar aquello que no se puede curar ni de conseguir resultados que la propia enfermedad no permite.
Hablamos de todo aquello que podemos trabajar alrededor del problema principal y que puede estar condicionando la sintomatología o la capacidad funcional de la persona.
Imaginemos una persona con una lesión determinada.
La lesión existe.
Pero además puede presentar una limitación de movilidad, una pérdida de fuerza, una mala adaptación a la carga, miedo a determinados movimientos o una tensión mantenida que está dificultando su evolución.
La lesión sigue siendo la misma.
Pero si conseguimos actuar sobre algunos de esos factores añadidos, la situación puede mejorar.
Ese espacio entre lo que tenemos inicialmente y lo que podemos llegar a conseguir es lo que llamamos margen de mejora.
El margen de mejora no se puede conocer de antemano
Y aquí hay algo que consideramos fundamental:
no podemos saber exactamente cuál es el margen de mejora de una persona antes de empezar a trabajar con ella.
Podemos hacer una valoración.
Podemos establecer una hipótesis.
Podemos conocer el diagnóstico, estudiar las pruebas complementarias y tener experiencia clínica.
Pero siempre existe una parte que solo descubrimos durante el proceso.
A medida que vamos trabajando, aparecen nuevas posibilidades.
Quizá mejoramos una restricción de movilidad y el dolor disminuye.
Quizá recuperamos fuerza y la persona vuelve a tolerar una actividad que había dejado de hacer.
Quizá conseguimos que deje de tener miedo a determinados movimientos.
Quizá descubrimos que necesitaba comprender mejor qué estaba ocurriendo.
Y cada una de esas pequeñas modificaciones nos permite descubrir cuánto margen de mejora había realmente.
Por eso no entendemos el tratamiento como una receta cerrada que aplicamos desde el primer día hasta el último.
El tratamiento también es un proceso de descubrimiento.
Las necesidades: aquello que la persona necesita realmente
Esta idea está muy relacionada con algo que ya explicábamos en nuestro artículo [“La mejor terapia”].
No siempre necesita más técnica quien tiene un problema más complejo.
Y tampoco existe una única técnica que sea la mejor para todas las personas.
Cada paciente puede necesitar cosas diferentes.
En ocasiones necesitará mejorar una determinada capacidad física.
En otras, recuperar movilidad.
En otras, aprender a gestionar una carga.
Y en otras puede necesitar algo tan sencillo —y tan importante— como comprender qué le está ocurriendo.
Por eso, cuando hablamos de las necesidades del paciente, no nos referimos únicamente a qué técnica aplicar.
Nos referimos a identificar qué factores están limitando su recuperación y cuáles podemos modificar.
Ahí es donde aparece ese margen de mejora.
Y aquí aparece el “tratamiento subliminal”
Hay una parte de todo esto que muchas veces pasa desapercibida.
El paciente puede acudir a consulta pensando que viene a tratarse un hombro, una espalda o una rodilla.
Y durante la sesión podemos trabajar sobre esa zona.
Pero también podemos estar trabajando sobre otros aspectos que forman parte del proceso de recuperación.
Una conversación.
Una explicación.
Una pregunta.
Una recomendación.
Ayudar a comprender una lesión.
Modificar una expectativa.
Dar seguridad ante un movimiento.
Detectar una limitación que hasta ese momento había pasado desapercibida.
O ayudar a una persona a darse cuenta de que todavía tiene posibilidades de mejorar.
Nada de esto aparece necesariamente en el listado de técnicas utilizadas durante la sesión.
Pero puede formar parte del tratamiento.
Por eso hablamos del tratamiento que no se ve.
La actitud también puede formar parte de ese margen de mejora
Y aquí volvemos a la opinión que dio origen a esta reflexión.
Nuestro paciente decía que después de las sesiones se encontraba mejor y, sobre todo, que salía con una mejor actitud.
La actitud no cura por sí sola una lesión.
Tampoco podemos afirmar que una persona se recuperará simplemente por tener una actitud positiva.
Pero la forma en la que afrontamos una situación sí puede modificar nuestra experiencia y nuestra manera de participar en el proceso de recuperación.
Dos personas con una lesión similar pueden vivir situaciones muy diferentes.
Una puede comprender lo que le ocurre, conocer sus posibilidades y sentirse capaz de trabajar sobre ellas.
Otra puede sentirse desbordada, tener miedo al movimiento o pensar que cualquier molestia significa que está empeorando.
La lesión puede ser parecida.
El proceso no necesariamente.
Aceptar no significa resignarse
Una parte importante de nuestro trabajo consiste también en ayudar a la persona a situarse en su realidad.
¿Qué tengo?
¿Qué puedo mejorar?
¿Qué necesito trabajar?
¿Hasta dónde puedo llegar?
¿Hay algo que debo aceptar?
Aceptar una situación no significa rendirse.
Significa reconocer el punto de partida para poder trabajar sobre aquello que sí podemos modificar.
Y cuando una persona comprende mejor su situación, puede cambiar también su manera de afrontarla.
Puede ajustar sus expectativas.
Puede perder parte del miedo.
Puede participar de una forma más activa.
Puede descubrir posibilidades que antes no veía.
Y todo eso puede formar parte de ese margen de mejora que al principio desconocíamos.
El tratamiento no termina en la técnica
Quizá esta sea la idea que queremos transmitir con este artículo.
Cuando tratamos una lesión, evidentemente tenemos que ocuparnos de ella.
Pero la persona es mucho más que su lesión.
Por eso intentamos mirar también alrededor del problema.
Buscar qué puede estar influyendo.
Qué podemos modificar.
Qué necesita esa persona en ese momento.
Y qué posibilidades aparecen cuando vamos reduciendo los factores que están dificultando su evolución.
A veces ese margen de mejora es grande.
Otras veces es pequeño.
Y en algunas situaciones puede ser muy limitado.
No podemos conocerlo completamente de antemano.
Lo vamos descubriendo durante el proceso.
Y precisamente por eso una buena valoración no debería terminar con un diagnóstico y una técnica, sino abrir la puerta a nuevas preguntas.
Aquí tienes un enlace que respalda la teoría de nuestro artículo:https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36113362/
Quizá eso era lo que nuestro paciente quería expresar
Cuando leímos aquella opinión de Doctoralia, nos llamó la atención que hablara de algo tan difícil de medir como “salir con una mejor actitud”.
Porque quizá esa mejor actitud no sea algo separado del tratamiento.
Quizá sea una de las consecuencias de haber comprendido mejor lo que ocurre, de haber encontrado alguna posibilidad de mejora o de haber descubierto que todavía existe un margen sobre el que podemos trabajar.
Y eso nos recuerda algo que forma parte de nuestra manera de entender la fisioterapia y la osteopatía:
No siempre podemos cambiar la lesión que tiene una persona.
Pero casi siempre podemos preguntarnos qué podemos hacer alrededor de ella.
Y es precisamente ahí donde empieza a aparecer el margen de mejora.
