La fascitis plantar es una de las lesiones que más dificultades puede plantear durante su tratamiento. En algunos pacientes, el dolor persiste durante meses, la mejoría es lenta y las recaídas son frecuentes.
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué algunas fascitis plantares no terminan de mejorar a pesar de recibir tratamiento?
En Fisioterapia i Osteopatia FiO, en Sabadell, llevamos años abordando este tipo de lesiones y hemos identificado un aspecto que consideramos especialmente importante: la estabilidad del pie y, concretamente, el control del calcáneo.
En determinados pacientes, una alteración en la estabilidad del retropié puede convertirse en un factor que mantiene la sobrecarga de la fascia plantar. Si no lo identificamos y lo abordamos, podemos estar tratando la lesión sin solucionar una de las circunstancias que contribuyen a mantenerla.
¿Por qué cuesta tanto mejorar una fascitis plantar?
La fascia plantar es una estructura de tejido conjuntivo que recorre la planta del pie, desde el calcáneo (hueso del talón) hasta la región de los dedos.
Su función es importante para mantener la arquitectura del pie, distribuir las cargas y participar en la transmisión de fuerzas durante la marcha y la carrera.
Cuando soporta una carga superior a su capacidad de adaptación, pueden aparecer dolor y alteraciones en el tejido. Es lo que habitualmente conocemos como fascitis plantar, aunque en muchos casos el término más preciso es fasciopatía plantar, porque no siempre existe un proceso inflamatorio propiamente dicho.
Su origen puede ser multifactorial. Influyen aspectos como la actividad física, la capacidad de carga de los tejidos, la movilidad del tobillo, la fuerza muscular y la mecánica del pie.
Sin embargo, hay un factor que consideramos importante no pasar por alto: la estabilidad articular del pie.
La estabilidad de la articulación subastragalina: un factor que puede pasar desapercibido
El calcáneo no trabaja de forma aislada. Se articula con el astrágalo formando la articulación subastragalina, una estructura fundamental para adaptar el pie al terreno y controlar las cargas durante el apoyo.
Esta articulación necesita mantener un equilibrio entre movilidad y estabilidad. El calcáneo debe poder moverse respecto al astrágalo, pero también necesita un control adecuado para que esos movimientos se produzcan de forma coordinada.
En nuestra valoración de las fascitis plantares prestamos especial atención a esta relación entre ambos huesos. Hemos observado que algunos pacientes presentan alteraciones en el control o en la estabilidad de la articulación subastragalina que consideramos relevantes para la evolución de su lesión.
¿Por qué nos interesa tanto?
Porque una alteración en el control del movimiento del calcáneo puede modificar la mecánica del retropié y la distribución de las cargas que recibe el pie. Esto puede contribuir a mantener una exigencia mecánica excesiva sobre determinadas estructuras, entre ellas la fascia plantar.
No significa que todas las fascitis plantares tengan su origen en una inestabilidad subastragalina. Pero sí consideramos que, cuando esta alteración está presente, puede convertirse en un factor de perpetuación que merece ser identificado y tratado.
Podemos tratar la fascia, aliviar el dolor y mejorar la función, pero si no abordamos una alteración mecánica relevante que sigue presente durante cada apoyo, estaremos dejando una parte del problema sin resolver.
Tratar la fascia no siempre es suficiente: hay que estabilizar el pie
Nuestro planteamiento ante una fascitis plantar no consiste únicamente en tratar la zona dolorosa.
Como hacemos con cualquier lesión, intentamos comprender qué factores pueden estar relacionados con su aparición y evolución. Buscamos el origen probable del problema y valoramos qué margen de mejora tenemos.
Pero en ocasiones encontramos un factor local tan relevante que necesitamos abordarlo simultáneamente. En las fascitis plantares en las que detectamos una alteración del control del retropié, consideramos fundamental incorporar un trabajo específico de estabilización.
Para ello utilizamos tres herramientas complementarias.
1. Vendaje neuromuscular: soporte a corto plazo
El vendaje neuromuscular o kinesiotape puede utilizarse como complemento para proporcionar soporte externo al pie y modificar temporalmente las condiciones mecánicas durante el apoyo.
En determinados pacientes, el vendaje puede ayudar a mejorar la tolerancia a la carga y reducir las molestias mientras trabajamos sobre otros aspectos de la lesión.
Es una herramienta especialmente interesante al inicio del tratamiento, pero debemos entenderla como una ayuda temporal: no sustituye la recuperación del control muscular ni resuelve por sí sola una alteración de la estabilidad.
2. Electrolisis percutánea: corriente PICA
Dentro de las técnicas de electrolisis percutánea intratisular (EPI) utilizamos una modalidad específica que denominamos corriente PICA.
Su aplicación forma parte de nuestro abordaje de las alteraciones musculares relacionadas con el control articular. El objetivo es intervenir sobre el componente muscular que participa en la estabilidad dinámica del pie y el tobillo.
A diferencia del vendaje, que proporciona un soporte externo, esta intervención se integra en el trabajo sobre los tejidos y la función neuromuscular.
La utilizamos como complemento de otras medidas terapéuticas, especialmente del ejercicio, que permitirá desarrollar y consolidar progresivamente el control activo del pie.
3. Ejercicio terapéutico y propiocepción: estabilidad a largo plazo
Esta es una de las partes fundamentales del tratamiento.
El objetivo no es depender permanentemente de un vendaje o de una técnica aplicada en consulta, sino conseguir que el propio pie recupere la capacidad de controlar las cargas y adaptarse al movimiento.
Para ello diseñamos ejercicios individualizados dirigidos a mejorar:
- La fuerza de la musculatura intrínseca del pie.
- La fuerza y resistencia de la musculatura del tobillo.
- El control del retropié durante el apoyo.
- La coordinación y la respuesta muscular ante los cambios de carga.
- La propiocepción y el equilibrio.
- La tolerancia progresiva a caminar, correr o realizar la actividad habitual.
El ejercicio permite desarrollar una estabilidad dinámica que depende de la capacidad muscular y del control neuromotor.
La progresión debe adaptarse a la evolución de la lesión. No se trata simplemente de fortalecer el pie, sino de conseguir que pueda responder adecuadamente a las exigencias de la vida diaria y de la actividad deportiva.
En el siguiente enlace encontrarás un artículo que recomienda el vendaje del pie como complemento para mejorar el dolor y la función a corto plazo, y también recomienda ejercicios de resistencia para la musculatura del pie y el tobillo:
guía de práctica clínica de la American Physical Therapy Association (APTA), revisada en 2023
Nuestro enfoque: buscar qué mantiene la fascitis plantar
En Fisioterapia i Osteopatia FiO, en Sabadell, entendemos que una lesión no siempre se explica únicamente por el tejido que duele.
Por eso, cuando valoramos una fascitis plantar, no nos limitamos a explorar la fascia y aplicar un tratamiento local. También analizamos la movilidad, la estabilidad del pie y del tobillo, el control muscular y otros factores que pueden estar influyendo en la evolución.
Si encontramos una alteración relevante de la estabilidad del retropié, incorporamos su tratamiento desde el principio, junto con las intervenciones que consideremos necesarias para abordar el resto del problema.
No todas las fascitis plantares son iguales ni todas necesitan el mismo tratamiento. Precisamente por eso creemos que una buena valoración marca la diferencia.
A veces, la lesión no mejora porque seguimos tratando lo que duele sin haber identificado aquello que continúa provocando la sobrecarga.
Si llevas tiempo con dolor en la planta del pie y no consigues una mejoría duradera, quizá sea el momento de ampliar la valoración y comprobar si existe algún factor mecánico que todavía no se ha abordado.
En FiO podemos ayudarte a valorar tu fascitis plantar y diseñar un tratamiento adaptado a tu caso.

