Reflejos primitivos en niños: ¿qué ocurre cuando no se integran correctamente?

Fisioterapia pediátrica y valoración de reflejos primitivos en niños

Cuando hablamos de reflejos primitivos en bebés, normalmente pensamos en los primeros meses de vida.

El reflejo de Moro, el reflejo de prensión, el reflejo tónico asimétrico del cuello (ATNR), el reflejo tónico laberíntico o el reflejo tónico simétrico del cuello forman parte del desarrollo neuromotor del bebé y son respuestas automáticas que aparecen ante determinados estímulos.

Durante los primeros meses de vida tienen una función muy importante. Forman parte de la organización inicial del movimiento y ayudan al bebé a adaptarse a su entorno mientras su sistema nervioso madura.

Pero existe una cuestión que, en nuestra opinión, merece mucha más atención:

¿Qué ocurre cuando el niño crece y un reflejo primitivo continúa interfiriendo con su movimiento?

Los reflejos primitivos forman parte del desarrollo normal

Los reflejos primitivos no son algo negativo.

Todo lo contrario.

Son respuestas automáticas presentes desde las primeras etapas de la vida y tienen una función en la alimentación, la protección y el desarrollo motor temprano.

A medida que madura el sistema nervioso, estas respuestas van siendo inhibidas o integradas para permitir que el niño desarrolle un mayor control voluntario del movimiento.

Por eso, durante los primeros meses de vida, la valoración de los reflejos forma parte de la exploración neurológica y del seguimiento del desarrollo del bebé.

El problema no está en que exista un reflejo.

El problema puede aparecer cuando su respuesta permanece de forma inapropiada para la edad o aparece de manera exagerada, asimétrica o interfiere con el desarrollo motor.

La persistencia de determinados reflejos primitivos es, de hecho, uno de los signos que puede alertar a los profesionales sobre posibles alteraciones neuromotoras y debe interpretarse siempre dentro de una valoración global del niño.


¿Por qué dejamos de hablar de reflejos primitivos cuando el niño crece?

Aquí encontramos una situación que nos llama especialmente la atención en consulta.

Durante los primeros meses, el desarrollo del bebé se controla con mucha atención.

Los padres preguntan si gira la cabeza, si sostiene bien el cuello, si abre las manos, si se mueve de forma simétrica o si responde adecuadamente a determinados estímulos.

Pero el niño crece.

Empieza a caminar.

Después corre, salta, juega, va al colegio…

Y progresivamente dejamos de observar determinados aspectos de su desarrollo neuromotor con el mismo nivel de detalle.

Si todo parece ir bien, dejamos de preguntarnos qué está ocurriendo con aquellos patrones automáticos que formaban parte de su movimiento durante los primeros meses.

Y algunos pueden pasar desapercibidos.

Esto no significa que cualquier niño que conserve una respuesta refleja tenga necesariamente un problema.

Significa que cuando existen dificultades de movimiento, coordinación, postura o desarrollo, puede ser interesante valorar también cómo está funcionando su sistema neuromotor.


Cuando un movimiento automático interfiere con un movimiento voluntario

Imaginemos algo muy sencillo.

Un bebé necesita determinados movimientos automáticos para comenzar a organizar su actividad motora.

Pero conforme madura, necesita aprender a controlar voluntariamente esos movimientos.

El objetivo del desarrollo no es simplemente moverse.

Es poder elegir cómo, cuándo y hacia dónde moverse.

Cuando una respuesta automática continúa apareciendo ante determinados estímulos, puede competir con el movimiento voluntario.

Esto puede ser especialmente relevante cuando observamos:

  • dificultades de coordinación;
  • movimientos poco fluidos;
  • torpeza motora;
  • problemas de equilibrio;
  • asimetrías;
  • dificultades para realizar determinados movimientos;
  • alteraciones del control postural.

La investigación disponible ha encontrado asociaciones entre la persistencia de algunos reflejos primitivos y un menor rendimiento en determinadas habilidades motoras, como la locomoción, el equilibrio o la destreza manual. Sin embargo, los estudios todavía presentan diferencias importantes en métodos y resultados, por lo que estos hallazgos deben interpretarse con prudencia.

Por eso no nos gusta hablar de un reflejo como si fuera, por sí solo, el diagnóstico de un problema.

El niño es mucho más que su reflejo.


¿Qué síntomas pueden hacer recomendable valorar los reflejos primitivos?

No existe un único síntoma que permita afirmar que un niño tiene un reflejo primitivo no integrado.

La valoración tiene sentido especialmente cuando forma parte de un conjunto de signos relacionados con el desarrollo motor.

Por ejemplo, podemos prestar especial atención cuando observamos:

Alteraciones de la coordinación

Niños que parecen especialmente torpes, tropiezan con frecuencia, chocan con objetos o tienen dificultades para aprender determinados patrones motores.

Alteraciones del equilibrio

Dificultades para mantener determinadas posiciones, saltar, correr, subir y bajar escaleras o realizar actividades que requieren coordinación entre diferentes partes del cuerpo.

Alteraciones posturales

Una postura mantenida o una forma de moverse que parece poco eficiente puede llevarnos a ampliar la valoración y observar cómo está organizado el movimiento.

Asimetrías

Cuando un niño utiliza claramente un lado del cuerpo de manera diferente al otro, merece la pena valorar qué está ocurriendo.

Dificultades en determinadas habilidades motoras

Saltar, correr, lanzar, recibir una pelota, montar en bicicleta o realizar movimientos que requieren coordinación pueden poner de manifiesto dificultades que no eran evidentes en otras situaciones.

Importante: ninguno de estos signos significa por sí mismo que exista un reflejo primitivo persistente. Son motivos para realizar una valoración más completa.


Los reflejos primitivos no deberían valorarse de forma aislada

Esta es probablemente una de las ideas más importantes de este artículo.

No creemos que tenga sentido valorar un reflejo, encontrar una respuesta y atribuirle automáticamente todos los problemas del niño.

La exploración debe ser global.

Hay que observar cómo se mueve el niño, cómo mantiene la postura, cómo coordina sus movimientos, cómo responde a diferentes estímulos y cómo evoluciona su desarrollo.

Los reflejos primitivos son una pieza más dentro de esa valoración.

Las guías de evaluación neuromotora infantil recomiendan precisamente interpretar la presencia o persistencia de reflejos junto con otros signos del desarrollo, como la simetría del movimiento, el tono, los hitos motores y la calidad del movimiento.


¿Y qué ocurre cuando el niño ya no es un bebé?

Esta es una pregunta que nos parece especialmente interesante.

Porque la valoración de los reflejos primitivos no debería entenderse exclusivamente como algo relacionado con los primeros meses de vida.

Cuando un niño mayor presenta dificultades motoras persistentes, puede ser útil revisar aspectos del desarrollo neuromotor que anteriormente pudieron pasar desapercibidos.

En algunos casos podemos encontrar respuestas reflejas persistentes que parecen estar relacionadas con determinadas dificultades de movimiento.

Pero aquí debemos ser especialmente prudentes.

Encontrar un reflejo persistente no significa que hayamos encontrado la causa de todos los problemas del niño.

Es una información más que puede ayudarnos a comprender cómo está organizado su movimiento y decidir si es necesario profundizar en la valoración.


¿Puede ocurrir también en adolescentes y adultos?

Sí puede ocurrir que determinadas dificultades motoras hayan pasado desapercibidas durante la infancia.

Un niño que durante años ha aprendido a moverse utilizando determinadas compensaciones puede llegar a la adolescencia o a la edad adulta sin que nadie haya relacionado esas dificultades con su organización neuromotora.

Sin embargo, no debemos confundir esto con la reaparición de reflejos primitivos en adultos por causas neurológicas.

En neurología, la reaparición de determinados reflejos primitivos en personas adultas puede constituir un signo de liberación frontal asociado a determinadas alteraciones del sistema nervioso, y requiere una valoración médica adecuada.

Por eso, cuando hablamos de reflejos primitivos en un niño mayor, adolescente o adulto, es fundamental diferenciar entre una posible persistencia de patrones infantiles y la aparición de signos neurológicos que requieren otro tipo de estudio.


¿Se pueden tratar los reflejos primitivos no integrados?

La respuesta depende de qué estemos valorando exactamente y, sobre todo, de qué esté ocurriendo con el niño.

No existe un tratamiento universal para todos los reflejos primitivos.

El abordaje debe adaptarse a la situación clínica, al desarrollo y a las necesidades de cada persona.

Desde la fisioterapia pediátrica podemos trabajar sobre el movimiento, el control postural, la coordinación y las habilidades motoras que estén comprometidas.

En determinados casos, la valoración osteopática puede complementar la exploración global del niño y ayudarnos a identificar restricciones de movilidad o tensiones que puedan estar condicionando su función.

El objetivo no debería ser simplemente «hacer desaparecer un reflejo».

El objetivo es conseguir que el niño pueda moverse de una manera más eficiente, coordinada y funcional.


No se trata de buscar problemas donde no los hay

Este punto es especialmente importante para nosotros.

En Internet encontramos cada vez más información sobre reflejos primitivos y su supuesta relación con todo tipo de problemas infantiles.

Y esto puede generar preocupación innecesaria en las familias.

Un bebé sano no necesita ser sometido constantemente a ejercicios para intentar «integrar» sus reflejos.

Los reflejos primitivos forman parte de su desarrollo normal.

La valoración adquiere especial sentido cuando existen signos que hacen pensar que el desarrollo neuromotor no está evolucionando como debería o cuando encontramos dificultades funcionales que merecen una explicación.

No queremos que los padres tengan miedo a los reflejos primitivos.

Queremos que sepan que existen, que forman parte del desarrollo y que, cuando hay dudas sobre la evolución de un niño, pueden ser una pieza más de la valoración.


Una valoración a tiempo puede cambiar la forma de entender un problema

Uno de los motivos por los que consideramos importante hablar de este tema es que algunos niños llegan a consulta después de haber recibido diferentes explicaciones sobre sus dificultades.

«Es torpe.»

«Ya madurará.»

«No todos los niños tienen la misma coordinación.»

«Es cuestión de practicar.»

Y muchas veces puede ser cierto.

Pero cuando una dificultad persiste, merece la pena preguntarse:

¿Por qué?

Una valoración del desarrollo motor puede ayudarnos a distinguir entre una variación normal del desarrollo y una dificultad que necesita ser estudiada con mayor profundidad.

Y cuanto antes entendamos qué está ocurriendo, antes podremos decidir qué hacer.


Nuestra forma de entender los reflejos primitivos

En Fisioterapia i Osteopatía FiO, en Sabadell, entendemos la valoración pediátrica como un proceso global.

No buscamos únicamente un reflejo.

Observamos al niño.

Su postura.

Su movimiento.

Su coordinación.

Su tono.

Su simetría.

Su forma de relacionarse con el entorno.

Y, cuando está indicado, también valoramos la presencia y la respuesta de determinados reflejos primitivos.

Porque detrás de un movimiento que parece torpe puede haber muchas razones.

Y antes de poner una etiqueta al niño, preferimos intentar comprender qué está ocurriendo.

Puedes ampliar información sobre nuestra forma de entender la fisioterapia pediátrica y la osteopatía infantil en Sabadell, nuestro enfoque de valoración y el acompañamiento que ofrecemos a las familias en nuestra página principal de pediatría.

También puedes leer nuestro artículo sobre tummy time y la importancia de estar boca abajo durante los primeros meses de vida, una etapa fundamental para favorecer experiencias de movimiento y desarrollo motor.


Preguntas frecuentes sobre los reflejos primitivos

¿Qué son los reflejos primitivos?

Son respuestas motoras automáticas que aparecen durante las primeras etapas de la vida y que cumplen diferentes funciones durante el desarrollo inicial del bebé. A medida que madura el sistema nervioso, estas respuestas van siendo inhibidas y el niño adquiere progresivamente mayor control voluntario del movimiento.

¿Cuándo se integran los reflejos primitivos?

Cada reflejo tiene su propio periodo de aparición y desaparición o inhibición. No existe una única edad válida para todos ellos. Además, su interpretación depende de la edad, del estado del niño y del resto de la exploración neuromotora.

¿Qué ocurre si un reflejo primitivo persiste?

La persistencia de determinados reflejos puede asociarse con alteraciones neuromotoras y, en algunos estudios, con dificultades motoras en niños mayores. Sin embargo, no significa automáticamente que exista un problema ni permite establecer por sí sola un diagnóstico.

¿Hay que estimular los reflejos primitivos en todos los bebés?

No. Los reflejos primitivos forman parte del desarrollo normal del bebé y no es necesario realizar ejercicios específicos en un niño sano simplemente para intentar «integrarlos». Si existen dudas sobre el desarrollo, lo recomendable es realizar una valoración profesional individualizada.

¿Se pueden valorar los reflejos primitivos en niños mayores?

Sí. Cuando existen dificultades motoras, de coordinación, postura o desarrollo, una valoración neuromotora puede incluir la exploración de determinados reflejos. Siempre debe interpretarse junto con el resto de la exploración.

¿La fisioterapia pediátrica puede ayudar?

La fisioterapia pediátrica puede trabajar las habilidades motoras, el control postural, la coordinación y otros aspectos funcionales cuando existen dificultades en el desarrollo. El tratamiento debe adaptarse a las necesidades concretas de cada niño y no centrarse exclusivamente en un reflejo aislado.


Conclusión

Los reflejos primitivos son una parte fascinante del desarrollo infantil.

Aparecen cuando el bebé los necesita y, con la maduración del sistema nervioso, sus respuestas van dejando espacio al movimiento voluntario y cada vez más organizado.

Por eso, cuando un niño presenta dificultades de movimiento que persisten en el tiempo, puede ser interesante no quedarse únicamente en el síntoma.

A veces necesitamos mirar un poco más atrás para entender cómo se ha construido ese movimiento.

Y eso es precisamente lo que buscamos cuando hacemos una valoración pediátrica:

no encontrar un problema donde no lo hay, sino comprender mejor al niño cuando algo no funciona como debería.

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